INEOS inaugura la primera instalación de almacenamiento de CO₂ a gran escala de la UE

INEOS inauguró en Dinamarca la que presenta como la primera instalación de almacenamiento permanente de CO₂ a gran escala y plenamente operativa de la Unión Europea. La ceremonia, celebrada el 18 de septiembre en el puerto de Esbjerg, estuvo encabezada por el rey Federico X de Dinamarca y marcó el inicio de la fase comercial de Greensand.

El proyecto de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) está liderado por INEOS Energy, en colaboración con Harbour Energy y Nordsøfonden, la empresa estatal danesa responsable de participar en las licencias para el almacenamiento geológico de carbono.

En su primera fase comercial, Greensand podrá almacenar hasta 400,000 toneladas de CO₂ al año. La infraestructura fue diseñada para ampliar progresivamente su capacidad hasta alcanzar entre cuatro y ocho millones de toneladas anuales, conforme aumente la demanda de este servicio entre los emisores industriales europeos.

“Greensand demuestra que es posible mantener una industria competitiva mientras se reducen las emisiones”, aseguró Jim Ratcliffe, presidente de INEOS. El directivo destacó que el proyecto ya funciona como una cadena comercial de transporte y almacenamiento, por lo que el siguiente reto será acelerar el desarrollo de instalaciones de captura de CO₂ en Europa.

¿Cómo funciona la cadena de captura y almacenamiento de Greensand?

Durante la fase inicial, el dióxido de carbono procederá principalmente de plantas danesas de producción de biometano. Una vez capturado, el CO₂ se licúa y se transporta por carretera hasta una terminal especializada en el puerto de Esbjerg.


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Desde allí, el gas es trasladado a alta mar a bordo del Carbon Destroyer 1, descrito por sus desarrolladores como el primer buque de la Unión Europea construido específicamente para transportar CO₂.

El dióxido de carbono se inyecta posteriormente en Nini West, un yacimiento petrolero agotado situado aproximadamente a 250 kilómetros de la costa danesa y a 1,800 metros por debajo del lecho marino. La formación geológica funcionará como depósito permanente.

De acuerdo con INEOS, la integridad del yacimiento fue evaluada por el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS), mientras que DNV realizó una verificación independiente de su seguridad.

De proyecto piloto a operación comercial

Greensand ya había probado su tecnología en marzo de 2023, cuando realizó una demostración de transporte transfronterizo y almacenamiento offshore de CO₂. La nueva fase supone el paso de ese proyecto piloto a una cadena comercial que integra captura, transporte, recepción portuaria e inyección geológica.

“Durante años, la captura y el almacenamiento de carbono en Europa estuvieron definidos por planes, objetivos y aspiraciones. Greensand proporciona ahora una base sobre la cual pueden construirse futuros proyectos de captura en todo el continente”, señaló David Bucknall, CEO de INEOS Energy.

Mads Gade, CEO de INEOS Energy Europe, explicó que el proyecto comenzará con CO₂ de origen biogénico, pero está preparado para recibir en el futuro emisiones capturadas en instalaciones industriales de otros países europeos.

Una alternativa para las emisiones industriales difíciles de abatir

La captura y el almacenamiento de carbono se consideran especialmente relevantes para sectores en los que la electrificación o el uso de energías renovables no bastan para eliminar todas las emisiones. Entre ellos se encuentran las industrias del cemento, acero, productos químicos y ciertos procesos petroquímicos vinculados con la producción de materias primas plásticas.

En estas actividades, una parte de las emisiones procede de las propias reacciones industriales y no únicamente del consumo energético. La CCS puede capturar ese CO₂ antes de que llegue a la atmósfera y almacenarlo en formaciones geológicas profundas.

Sin embargo, esta tecnología no sustituye las acciones destinadas a mejorar la eficiencia energética, incorporar energías renovables, desarrollar materias primas de menor huella y aumentar la circularidad de los materiales. Su función es complementar esas estrategias, particularmente frente a emisiones que resultan difíciles de eliminar con las tecnologías disponibles.

Europa todavía necesita multiplicar su capacidad de almacenamiento

La entrada en operación de Greensand se produce mientras la Unión Europea intenta acelerar el desarrollo de un mercado regional para la gestión del carbono industrial.

El Reglamento sobre la Industria de Cero Emisiones Netas establece el objetivo de contar con al menos 50 millones de toneladas anuales de capacidad de inyección de CO₂ para 2030. Las estimaciones europeas apuntan a que las necesidades de captura y almacenamiento podrían aumentar hasta aproximadamente 250 o 280 millones de toneladas por año en 2040.


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Incluso si Greensand alcanza su capacidad máxima proyectada de ocho millones de toneladas, representaría solo una fracción de ese volumen. Su importancia radica, por tanto, en demostrar el funcionamiento comercial de una cadena completa y en abrir infraestructura que posteriormente pueda recibir CO₂ de otras industrias y países.

“Podemos avanzar hacia un futuro con bajas emisiones de carbono manteniendo la producción, la inversión y el empleo en Europa”, afirmó Dan Jørgensen, comisario europeo de Energía y Vivienda, durante la inauguración.

El siguiente desafío está en la captura de CO₂

Con la infraestructura de transporte y almacenamiento ya en funcionamiento, el crecimiento de Greensand dependerá del desarrollo de proyectos de captura en las plantas industriales.

Para ello será necesario movilizar inversiones, construir redes logísticas y establecer condiciones regulatorias que permitan transportar CO₂ entre los países europeos. También deberán definirse mecanismos para distribuir los costos de captura, traslado, almacenamiento y seguimiento permanente.

La apertura de Greensand constituye un avance para la gestión del carbono en Europa, pero también evidencia la distancia que todavía separa al continente de sus objetivos climáticos. El reto será transformar esta primera cadena comercial en una red de almacenamiento capaz de operar a una escala de decenas —y posteriormente cientos— de millones de toneladas anuales.

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