La cobertura mediática en contra de los plásticos ha dado una fama terrible a uno de los materiales más flexibles y dinámicos de la vida moderna, pero no todo son malas noticias y las características de este material todavía pueden sorprender a millones, por ejemplo, ¿estarías dispuesto a comer una galleta hecha con residuos de plásticos?
Investigadores de la Universidad del Sur de Illinois lograron desarrollar deliciosas galletas hechas a partir de plásticos y residuos agrícolas que fueron procesados para convertirse en ingredientes 100% seguros y comestibles.
Este ingenioso desarrollo no sólo plantea una nueva línea de frente en contra de la acumulación de residuos, sino que también plantea futuras soluciones para la problemática de seguridad alimentaria que atraviesan distintas naciones del mundo.
¿Qué son las galletas hechas con plásticos?
El equipo de investigadores desarrolló un sistema que utiliza microorganismos para transformar compuestos procedentes de residuos de PET y biomasa agrícola en ingredientes ricos en proteínas.
El resultado son las µBites —pronunciado microbites—, unas galletas experimentales elaboradas con ayuda de levaduras modificadas y una impresora 3D de alimentos. El proyecto explora una nueva vía de suprarreciclaje de plásticos y busca producir comida en lugares con recursos limitados, como zonas afectadas por desastres, comunidades remotas o misiones espaciales de larga duración.
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La propuesta requiere una precisión importante: las galletas no contienen trozos ni partículas de plástico. El proceso descompone el PET en moléculas más simples que posteriormente sirven como fuente de carbono para los microorganismos. Las levaduras aprovechan esos compuestos y generan nueva biomasa e ingredientes alimentarios.
Los avances fueron presentados el 24 de agosto durante ACS Fall 2026, la reunión de otoño de la Sociedad Estadounidense de Química (ACS), celebrada en Chicago. La investigación forma parte de un proyecto surgido del Deep Space Food Challenge de la NASA y cuenta también con apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
Del reciclaje de PET a la producción de alimentos
El tereftalato de polietileno (PET) es un polímero ampliamente utilizado en botellas para agua, refrescos y otros envases. Su estructura contiene carbono que, tras un tratamiento adecuado, puede convertirse en materia prima para procesos biotecnológicos.
“Intentábamos desarrollar tecnologías para el suprarreciclaje de plástico y convertirlo en productos de mayor valor. Entonces pensamos: ¿por qué no centrarnos en producir alimentos? El plástico es carbono y los alimentos también”, explicó Lahiru Jayakody, profesor asociado de la SIU e investigador principal del proyecto.
El planteamiento combina residuos de PET con tallos, hojas de maíz y otros restos vegetales. Estos materiales pasan primero por un proceso denominado disolución hidrotérmica oxidativa, desarrollado por el profesor de Geología Ken Anderson.
La tecnología emplea agua y oxígeno a temperaturas y presiones elevadas para romper materiales complejos y obtener moléculas de carbono solubles en agua y accesibles para los microorganismos. De esta forma, un residuo difícil de aprovechar se transforma en una corriente líquida que puede alimentar el siguiente paso del sistema.
Levaduras convierten los residuos en proteínas y nutrientes
Después del tratamiento hidrotérmico, el líquido resultante se introduce en un biorreactor con distintas cepas de levadura, incluida la levadura de panadería. Algunas fueron programadas para aprovechar los compuestos derivados del plástico y de la biomasa agrícola y convertirlos en proteínas, grasas, ácidos y otros ingredientes.
El equipo también trabaja con microorganismos capaces de mejorar las propiedades nutricionales y sensoriales del producto. Una cepa de levadura produce vainillina a partir de biomasa vegetal, mientras que otra transforma el etilenglicol procedente del PET en betacaroteno, pigmento que aporta color y que el organismo puede convertir en vitamina A.
Este punto diferencia a µBites de un proceso convencional de reciclaje ya que la meta principal no consiste en recuperar el polímero para fabricar otro envase, sino en utilizar su carbono como insumo para generar sustancias completamente nuevas mediante fermentación microbiana.
¿Cómo se fabrican las galletas µBites?
Para elaborar el prototipo, los investigadores combinan la biomasa rica en proteínas producida por las levaduras con fibra, almidón y edulcorante. La mezcla se carga en una impresora 3D de alimentos, que deposita el material por capas para controlar la forma y el tamaño de cada pieza.
Finalmente, las galletas se calientan en un horno de microondas hasta adquirir su consistencia definitiva. De acuerdo con la ACS, el equipo busca que futuras versiones dependan menos de ingredientes externos y que los propios microorganismos produzcan una mayor proporción del almidón, la fibra, los nutrientes y los compuestos de sabor.
El sistema podría ajustarse para modificar la composición nutricional del alimento según las necesidades de cada población. Además, su diseño compacto, el bajo uso de espacio y su capacidad para aprovechar residuos locales lo vuelven atractivo para ambientes donde cultivar, almacenar o transportar comida resulta complicado.
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¿Las galletas hechas a partir de PET son seguras?
Las µBites todavía son un prototipo de investigación y no un alimento autorizado para su venta o consumo público. El equipo asegura haber aplicado un proceso de seguridad de 32 etapas y haber analizado las muestras tanto en sus instalaciones como en laboratorios externos acreditados.
Según los investigadores, las pruebas realizadas no detectaron sustancias tóxicas, metales pesados, alérgenos ni patógenos alimentarios en las galletas. Sin embargo, el comunicado más reciente de la ACS señala que el grupo aún espera autorización institucional para efectuar pruebas de sabor. Hasta ahora, las evaluaciones divulgadas se han concentrado en características como el aroma y en la disposición de las personas a consumir el producto en condiciones de recursos limitados.
Por tanto, los resultados iniciales son prometedores, pero todavía serán necesarios más estudios, validaciones regulatorias y pruebas con personas antes de considerar una aplicación comercial.
Una tecnología pensada para el espacio con aplicaciones en la Tierra
El concepto de µBites fue descrito originalmente en 2024 en un artículo de la revista Trends in Biotechnology. Su desarrollo responde al desafío de alimentar a tripulaciones durante misiones espaciales prolongadas, donde transportar grandes cantidades de comida y gestionar los residuos representa una dificultad técnica y económica.
En ese contexto, convertir desechos en nuevos ingredientes permitiría aprovechar mejor los recursos disponibles dentro de una nave o una futura base espacial. La misma tecnología podría adaptarse en la Tierra para producir proteínas en submarinos, regiones polares, zonas de desastre o comunidades con acceso limitado a tierras agrícolas y cadenas de suministro.
El equipo espera perfeccionar el sistema y preparar las µBites para un posible consumo público durante los próximos años. Antes deberá demostrar que el proceso puede operar de manera estable y a mayor escala, cumplir con la regulación alimentaria y superar una barrera quizá tan compleja como la tecnología: lograr que los consumidores acepten alimentos producidos a partir de residuos.
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