Nuevo proceso químico convierte residuos plásticos en gasolina y diésel: te explicamos cómo

La crisis en Medio Oriente reveló una vez más la dependencia que las grandes economías del mundo mantienen con respecto al petróleo y los combustibles fósiles. Ahora, una investigación del Departamento de Energía de Estados Unidos logró transformar residuos plásticos en gasolina y diésel mediante un proceso químico que utiliza aluminio y sales fundidas.

La investigación, desarrollada en el Oak Ridge National Laboratory (ORNL) y publicada en la revista Journal of the American Chemical Society, detalla un nuevo procedimiento que ha conseguido convertir Polietileno (uno de los plásticos más comunes en bolsas o envases) en combustibles líquidos con propiedades casi idénticas a la gasolina y el diésel.

El estudio se centró en el Polietileno (PE), uno de los plásticos más utilizados a escala mundial y presente en productos cotidianos como bolsas, envases, películas y tablas de cortar. A partir de este material, los investigadores lograron obtener fracciones líquidas con propiedades semejantes a combustibles para transporte y manufactura, abriendo una nueva línea de valorización para residuos plásticos que hoy siguen terminando, en gran medida, en rellenos sanitarios o sistemas de bajo aprovechamiento.

Sales fundidas y aluminio: la base del nuevo sistema

La innovación del ORNL radica en el uso de sales fundidas que contienen cloruro de aluminio, las cuales funcionan al mismo tiempo como medio de reacción y catalizador. Esta configuración permite prescindir de varios insumos que suelen volver más costosos o complejos otros procesos de conversión química, como los metales nobles, los disolventes orgánicos o el hidrógeno externo.


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De acuerdo con el equipo científico, este sistema genera sitios catalíticos altamente ácidos capaces de romper las largas cadenas del polímero en moléculas más pequeñas. Ese control químico resulta clave porque no solo fragmenta el plástico, sino que también orienta la formación de productos: las cadenas más simples tienden a generar compuestos tipo gasolina, mientras que las estructuras más complejas producen fracciones cercanas al diésel.

Menor temperatura que la pirólisis y mayor control del producto

Uno de los aspectos más llamativos de este avance es la temperatura de operación. A diferencia de la pirólisis, que normalmente requiere entre 450 y 500 °C para romper las cadenas poliméricas, el método desarrollado por ORNL funciona a menos de 200 °C. Esa diferencia puede traducirse en una menor demanda energética y, además, en un proceso más controlado y selectivo.

Según los investigadores, los experimentos lograron un rendimiento cercano al 60% en gasolina bajo condiciones suaves. Aunque todavía se trata de una tecnología en fase de investigación, el dato coloca al sistema como una opción prometedora dentro del abanico de rutas de reciclaje químico y valorización de residuos plásticos.

Cómo siguieron la reacción a nivel molecular

Para comprender el mecanismo de conversión, el equipo recurrió a herramientas avanzadas de caracterización, entre ellas espectroscopía de rayos X suaves, resonancia magnética nuclear, dispersión de neutrones, además de análisis por cromatografía de gases y espectrometría de masas. Estas técnicas permitieron seguir la reacción a nivel atómico y confirmar la formación de especies reactivas clave durante la ruptura de las cadenas poliméricas.

Los científicos identificaron la aparición de iones de carbono con carga positiva, intermediarios fundamentales en la transformación del polietileno en hidrocarburos líquidos. También observaron que ciertos sitios de aluminio se vuelven catalíticamente activos al interactuar con el polímero, lo que ayuda a explicar por qué el sistema logra una conversión eficiente sin necesidad de iniciadores catalíticos adicionales.

Potencial industrial, pero aún con desafíos

Más allá del resultado científico, uno de los puntos más relevantes del desarrollo es su posible escalabilidad industrial. Sheng Dai, investigador del ORNL y uno de los responsables del proyecto, señaló que el sistema resuelve dos limitaciones importantes: por un lado, podría ser más fácil de escalar si se mantiene su estabilidad; por otro, no requiere un iniciador para activar la reacción catalítica, a diferencia de enfoques anteriores.

A ello se suma otra ventaja: el proceso utiliza sales inorgánicas comercialmente disponibles y materiales relativamente baratos, lo que podría mejorar su competitividad frente a rutas más complejas o intensivas en insumos especializados. En un contexto en el que la industria busca alternativas para valorizar residuos y reducir dependencia de materias primas fósiles vírgenes, este tipo de avances gana relevancia.


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El reto pendiente: estabilidad y reutilización del sistema

Pese a sus ventajas, la tecnología todavía enfrenta retos técnicos antes de pensar en una implementación comercial. Uno de ellos es el carácter higroscópico del sistema catalítico, es decir, su tendencia a absorber humedad del ambiente, lo que puede comprometer su estabilidad. El siguiente paso para los investigadores será encontrar formas de confinar, separar y reutilizar mejor las sales fundidas dentro de procesos continuos.

Si esos obstáculos se resuelven, explican los investigadores, el avance del ORNL podría fortalecer las opciones de reciclaje químico de poliolefinas, especialmente para corrientes de residuos difíciles de reincorporar por vía mecánica.

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