Fracción resto: el flujo de residuos que aún esconde materiales reciclables

El crecimiento urbano, los patrones de consumo y la falta de infraestructura adecuada están elevando la generación de residuos en las principales ciudades del mundo. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), por ejemplo, calcula que los residuos sólidos municipales pasarán de 2,100 millones de toneladas en 2023 a 3,800 millones en 2050.

Mejorar la prevención, la recogida selectiva y el reciclaje, son acciones fundamentales para garantizar un futuro más sustentable, y ante este desafío, STADLER propone focalizar la fracción resto como una de las alternativas más importantes para la recuperación de recursos.

¿Qué es la fracción resto?

La fracción resto está formada por los residuos que permanecen después de la separación de materiales como papel, cartón, vidrio, envases y materia orgánica. Tradicionalmente, esta corriente se ha enviado directamente a vertederos o a plantas de valorización energética.

Sin embargo, “resto” no significa necesariamente “sin valor”. Errores de separación, diferencias entre los sistemas municipales y productos difíciles de clasificar provocan que plásticos, metales, textiles, papel, madera, vidrio, aparatos eléctricos y residuos orgánicos terminen mezclados en este flujo.


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La presión sobre la capacidad de los vertederos, el aumento de los costos de eliminación, las exigencias regulatorias y la demanda de materias primas secundarias están impulsando una nueva visión: clasificar la fracción resto antes de su disposición final para recuperar todos los materiales técnica y económicamente aprovechables.

STADLER
La UTM Jaboatão (Unidade de Triagem Mecanizada) de Brasil es la planta de clasificación automatizada de residuos sólidos urbanos (RSU) más grande de América Latina.

De problema de eliminación a fuente de recursos

La gestión de residuos se ha enfocado tradicionalmente en proteger la salud pública y retirar materiales de las ciudades. La economía circular amplía ese objetivo: busca conservar el valor de los recursos durante más tiempo y reducir la dependencia de materias primas vírgenes.

Sabine Schlögl
Sabine Schlögl, ingeniera técnica de ventas de STADLER

Para Sabine Schlögl, ingeniera técnica de ventas de STADLER, los residuos deben entenderse como un potencial que puede aprovecharse. Este cambio también modifica la relación entre los gestores de residuos y la industria manufacturera, debido a que la calidad del material recuperado depende del diseño de los productos, los sistemas de recogida y la capacidad de clasificación.

El tratamiento de la fracción resto también puede complementar la valorización energética. Retirar previamente metales, materiales inertes y plásticos reciclables disminuye el volumen destinado a incineración, permite recuperar recursos con valor comercial y reduce la cantidad de escorias que posteriormente debe enviarse a vertedero.

El objetivo no es sustituir la recogida selectiva, sino incorporar una barrera adicional para evitar la pérdida de materiales aprovechables.

Beneficios ambientales y económicos

La recuperación de materiales de la fracción resto puede generar dos beneficios principales:

  • Disminuir el consumo de materias primas vírgenes y los impactos asociados con su extracción y procesamiento
  • Obtener ingresos por los materiales recuperados y reducir los costos de vertedero o tratamiento térmico

El aluminio permite dimensionar este potencial. Su reciclaje requiere alrededor de 95% menos energía que la producción primaria y puede reducir considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero. Los beneficios reales, sin embargo, dependen de factores como la calidad del material recuperado, la demanda industrial, los costos de separación y la existencia de mercados estables.

En el caso de los plásticos, el desafío es mayor debido a la diversidad de polímeros, formatos, colores, aditivos y estructuras multicapa. La contaminación por materia orgánica y la degradación producida durante la recogida también pueden limitar las aplicaciones posteriores del material.

Por ello, recuperar un plástico no garantiza automáticamente su reciclaje. Las plantas deben separar fracciones con una pureza y calidad suficientes para que puedan reincorporarse a procesos productivos.

La recogida selectiva no captura todos los materiales

Los mercados con sistemas avanzados de separación muestran que la recogida selectiva es indispensable, pero no consigue recuperar todos los recursos.

STADLER cita un análisis de la Agencia Alemana de Medio Ambiente según el cual cerca de dos terceras partes de la fracción resto doméstica en Alemania todavía presentaban potencial de reciclaje o valorización. Entre los materiales identificados se encontraban plásticos, metales, papel, vidrio, madera, textiles, aparatos eléctricos y materia orgánica.

Los datos revelan dos problemas. El primero es técnico: algunos productos son difíciles de reconocer, separar o depositar correctamente. El segundo es informativo: las normas de recogida pueden cambiar entre municipios y generar confusión entre los ciudadanos.

Cuanto más ambiciosos sean los objetivos de reciclaje, mayor importancia tendrá recuperar los materiales que escapan de los sistemas de separación en origen.

STADLER participó en el diseño del Ecoparc 4 en Barcelona, España.

Clasificar un flujo heterogéneo y contaminado

La fracción resto es una de las corrientes más complejas para las plantas de tratamiento. Su composición puede cambiar según la región, la temporada, los hábitos de consumo y el sistema local de recogida.

Además, puede contener:

  • Residuos orgánicos y materiales húmedos
  • Envases plásticos rígidos y flexibles
  • Metales ferrosos y no ferrosos
  • Textiles y madera
  • Aparatos eléctricos y electrónicos
  • Baterías con riesgo de incendio
  • Objetos voluminosos
  • Residuos de construcción depositados incorrectamente

Esta variabilidad exige instalaciones robustas y flexibles. El rendimiento no depende únicamente de instalar separadores ópticos: requiere diseñar correctamente toda la línea, desde la recepción y dosificación hasta el cribado, la separación, los puntos de transferencia, el almacenamiento y los accesos de mantenimiento.

Sensores, automatización e inteligencia artificial

Los avances tecnológicos están ampliando los materiales que pueden recuperarse de los residuos mezclados.

Entre las principales herramientas se encuentran:

  • Cribas y separadores balísticos para dividir los residuos por tamaño, forma y comportamiento
  • Separadores magnéticos para metales ferrosos
  • Equipos de corrientes de Foucault para metales no ferrosos
  • Sistemas de clasificación óptica y espectroscopía de infrarrojo cercano para identificar diferentes materiales y polímeros
  • Cámaras y sensores de mayor resolución
  • Sistemas de detección apoyados en inteligencia artificial
  • Controles digitales para ajustar el proceso y monitorear el rendimiento
  • Tecnologías para detectar baterías y reducir el riesgo de incendio

La automatización puede elevar la velocidad, consistencia y seguridad del proceso, aunque la selección manual sigue siendo necesaria en determinadas plantas y para algunos materiales difíciles de reconocer.

Un desafío global con soluciones locales

No existe un diseño universal para tratar la fracción resto. La legislación, la composición de los residuos, los hábitos de consumo, la infraestructura y la demanda de materiales secundarios cambian entre países e incluso entre ciudades de una misma región.

Japón y la complejidad de los envases

Japón cuenta con una elevada participación ciudadana en la separación de residuos, pero los sistemas varían entre municipios. Además, determinados envases plásticos pueden terminar en valorización energética.

Entre los principales desafíos se encuentran los envases compuestos y multicapa, las bandejas de plástico negro y los materiales ligeros que se deforman durante la recogida. Estas características dificultan su identificación y recuperación mediante procesos convencionales.

Latinoamérica y los residuos no estandarizados

En Latinoamérica, muchas ciudades todavía recogen los residuos domésticos en una sola corriente. Las plantas pueden recibir una elevada proporción de materia orgánica, impurezas, muebles, residuos eléctricos y electrónicos, e incluso materiales de construcción.

André Galuppo, director de STADLER Brasil, señala que cada proyecto requiere una configuración propia. La secuencia de clasificación, el tamaño de los equipos, los productos recuperados y el equilibrio entre automatización y trabajo manual deben responder a las condiciones locales.

Para la región, esto implica que la inversión tecnológica debe acompañarse de mejores sistemas de recogida, caracterización de residuos, capacitación operativa y mercados capaces de absorber los materiales recuperados.


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Suecia: recuperación automatizada de residuos mezclados

Una muestra de esta adaptación es Resursutvinning Stockholm, planta diseñada por STADLER para Stockholm Vatten och Avfall.

La instalación puede procesar hasta 50 toneladas por hora mediante dos líneas independientes. Su sistema recupera las bolsas verdes utilizadas para residuos orgánicos, además de plásticos y metales ferrosos y no ferrosos depositados accidentalmente en la fracción resto.

La combinación de clasificación automatizada y control digital permite mantener la continuidad operativa y adaptar el proceso a las variaciones del material de entrada.

STADLER
La planta de clasificación de residuos sólidos urbanos (RSU) de Resursutvinning Stockholm, en Suecia, fue diseñada y construida por STADLER Anlagenbau GmbH para Stockholm Vatten och Avfall (SVOA).

España: experiencia en plantas de residuos municipales

La fracción resto también representa una corriente especialmente exigente en España debido a su heterogeneidad, contaminación y comportamiento impredecible.

A partir de su experiencia en cerca de 50 plantas de tratamiento de residuos sólidos municipales en ese país, STADLER destaca que la eficiencia depende de la ingeniería integral del proceso. Una selección incorrecta de equipos o un dimensionamiento insuficiente puede generar cuellos de botella, paradas, mayores costos de mantenimiento y riesgos para el personal.

Los diseños adaptables, las cintas móviles y los controles digitales permiten responder a cambios en la composición de los residuos y en la demanda de materiales. Paralelamente, la detección de baterías, los sistemas contra incendios y la distribución de las plantas en varios niveles ayudan a mejorar la seguridad.

La fracción resto dentro de la economía circular

La clasificación de la fracción resto no debe utilizarse como argumento para reducir la separación en origen. La prevención, el ecodiseño, la reutilización y la recogida selectiva continúan siendo las primeras opciones dentro de la jerarquía de residuos.

Sin embargo, mientras materiales reciclables sigan llegando a la basura mezclada, las plantas de clasificación pueden funcionar como una última barrera antes del vertedero o la valorización energética.

El potencial de este flujo dependerá de la capacidad para combinar tecnología, ingeniería, regulación y mercados de materias primas secundarias. Cuando estas condiciones convergen, la fracción resto deja de ser únicamente el final del sistema y se convierte en una fuente adicional de recursos para la economía circular.

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