La presión regulatoria y los objetivos globales de economía circular están acelerando la adopción de nuevas tecnologías en el sector de envases plásticos. Sin embargo, la industria aún enfrenta retos clave relacionados con la escalabilidad, la infraestructura disponible y la comprensión del consumidor sobre soluciones avanzadas de reciclaje.
De acuerdo con expertos de Ampacet y Borealis (ahora Borouge International), el desarrollo de envases de plástico rígido más sostenibles pasa necesariamente por mejorar su reciclabilidad, optimizar las tecnologías de reciclaje e incrementar la incorporación de contenido reciclado sin comprometer el desempeño del material.
En una entrevista reciente con el medio Packaging Insights, François Thibeau, gerente de negocios estratégicos en Ampacet, señala que el sector vive una doble dinámica. Por un lado, existe una creciente presión por parte de reguladores, marcas y consumidores para adoptar envases con mayor contenido reciclado. Por otro, persisten desafíos técnicos relevantes.
“Tecnologías como ThermProtect PET abren nuevas oportunidades para responder a estas exigencias sin sacrificar propiedades clave como la claridad, la resistencia o la procesabilidad”, explicó el directivo.
No obstante, el experto advierte que el uso intensivo de material reciclado también implica enfrentar fenómenos como la degradación térmica, que puede provocar amarilleamiento y pérdida de propiedades mecánicas, especialmente tras múltiples ciclos de reprocesamiento.
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En este contexto, una de las prioridades de la industria es garantizar una calidad constante en los materiales reciclados, al tiempo que se maximiza su contribución a la sostenibilidad.
Reciclaje químico: calidad virgen con trazabilidad
Por su parte, Borealis impulsa soluciones basadas en reciclaje químico a través de su portafolio BorcycleC, que integra Polipropileno (PP) reciclado mediante procesos de pirólisis y balance de masas.
Según Jos van Haastrecht, responsable global de comunicación para economía circular en la compañía, estos materiales ofrecen propiedades equivalentes a las resinas vírgenes y cumplen con los requisitos para contacto con alimentos, un punto crítico para aplicaciones en envase rígido.
“Los grados BorcycleC permiten sustituir materia prima fósil sin comprometer seguridad, rendimiento ni apariencia. Además, cuentan con certificación ISCC PLUS, lo que garantiza trazabilidad y credibilidad en el contenido reciclado”, afirma.
Empresas como Valio ya han implementado estos materiales en envases comerciales, incluyendo tapas, recipientes de pared delgada y envases termoformados para productos lácteos, demostrando su viabilidad a escala industrial.
Transparencia y comunicación: el reto pendiente
A pesar de los avances tecnológicos, uno de los principales desafíos sigue siendo la comunicación hacia el consumidor. Conceptos como el reciclaje químico o el balance de masas pueden resultar complejos, lo que exige nuevas estrategias de divulgación.
En este sentido, iniciativas como el uso de códigos QR en los envases —que explican el origen y procesamiento del material— están ganando relevancia como herramientas para generar confianza y transparencia.
“La sostenibilidad ya no solo debe lograrse, sino también demostrarse y comunicarse de forma clara”, apunta Van Haastrecht.
Infraestructura y colaboración: claves para escalar
El desarrollo de envases plásticos más sostenibles no depende únicamente de la innovación en materiales. También requiere una infraestructura robusta de recolección, clasificación y reciclaje, así como una colaboración estrecha entre todos los actores de la cadena de valor.
Proveedores de materia prima, transformadores, marcas y gobiernos deben trabajar de forma coordinada para habilitar sistemas que permitan escalar estas soluciones.
“El apoyo gubernamental y la inversión en infraestructura son fundamentales para acelerar la transición hacia una economía circular real en plásticos”, concluye el experto.
Y es que, de acuerdo con Innova Market Insights, la principal tendencia en envases para 2026 será la “sostenibilidad demostrada”: la capacidad de las empresas para respaldar sus declaraciones ambientales con datos verificables y sistemas de trazabilidad confiables, lo que representa una deuda pendiente con distintos productores de materiales plásticos.
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