En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, disrupciones en las cadenas de suministro y una creciente competencia industrial a escala global, la industria química de Norteamérica ha decidido hablar con una sola voz.
La Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), en coordinación con el Consejo Americano de Química (ACC) y la Asociación de la Industria Química de Canadá (CIAC), reunió en la capital mexicana a líderes empresariales y autoridades para evaluar el estado actual y las oportunidades de fortalecimiento del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), de cara a su próxima revisión.
El encuentro, denominado Día de la Química, sirvió como plataforma para presentar una agenda común que busca consolidar a la región como un bloque competitivo, capaz de responder a desafíos como la sobrerregulación, el exceso de capacidad productiva global y la fragilidad de las cadenas de suministro.
José Carlos Pons, Presidente de la ANIQ, subrayó que el T-MEC ha sido un pilar del desarrollo industrial regional. Desde su entrada en vigor, explicó, el comercio químico trilateral se ha triplicado, superando los 60 mil millones de dólares, y ha contribuido a fortalecer la base manufacturera de Norteamérica.
“El 95% de los productos químicos son insumos esenciales para sectores estratégicos como el automotriz, electrónico, de electrodomésticos y farmacéutico”, señaló el directivo. “Eso convierte a nuestra industria en un eje silencioso, pero decisivo, de la competitividad regional”.
La revisión del T-MEC como ventana estratégica
Para los líderes del sector, la próxima revisión del tratado no representa una amenaza, sino una oportunidad única. En palabras de José Carlos Pons, se trata de un momento clave para reforzar la integración regional, modernizar los marcos regulatorios y ofrecer certidumbre de largo plazo a la inversión, en un entorno global cada vez más volátil.
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Esa visión fue compartida por Miguel Benedetto, Director General de la ANIQ, quien destacó el peso de la industria química en México: uno de los tres sectores productivos más relevantes del país, con un comercio exterior superior a 48 mil millones de dólares anuales y más de 800 mil transacciones.
“Si queremos seguir siendo atractivos para la inversión y la innovación, necesitamos preservar un comercio libre de aranceles, reglas de origen que fortalezcan la producción regional y una regulación basada en ciencia y riesgo”, afirmó.
Uno de los puntos centrales del diálogo fue el Anexo sobre Sustancias Químicas del T-MEC, considerado pionero por su enfoque en cooperación regulatoria y resiliencia de la cadena de suministro. Aunque su implementación ha sido gradual, las asociaciones coincidieron en que la revisión del tratado abre una ventana para acelerar su aplicación y alinear la manufactura química con los objetivos de competitividad regional.

Tres frentes para fortalecer la región
Las recomendaciones conjuntas de ANIQ, ACC y CIAC se concentran en tres grandes ejes:
- la facilitación del comercio y la modernización aduanera, para reducir costos y tiempos;
- la convergencia regulatoria, con marcos más eficientes que impulsen la innovación sin comprometer la seguridad ni la protección ambiental;
- y la atracción de inversión en manufactura avanzada, particularmente en productos químicos y derivados donde Norteamérica mantiene ventajas competitivas.
De acuerdo con las asociaciones, estas propuestas pueden incorporarse al T-MEC sin necesidad de renegociar el acuerdo en su totalidad, lo que permitiría avanzar con mayor rapidez en un entorno internacional cada vez más exigente.
“Tenemos una visión clara: el tratado aporta un enorme valor a la industria química y a todas las cadenas productivas que abastece”, concluyó José Carlos Pons. “Nuestro trabajo debe enfocarse en evolucionar y fortalecer el T-MEC”.
La postura de México: continuidad y ajustes clave
Desde el gobierno mexicano, la estrategia se articula en torno a dos prioridades. La primera, mantener vigente el T-MEC, cuyo balance —según ha reiterado Marcelo Ebrard, Secretario de Economía— ha sido positivo en términos de empleo y comercio regional. México, recordó en La Mañanera Del Pueblo, es hoy el principal comprador de productos estadounidenses, una relación que refuerza la interdependencia económica.

El segundo objetivo es mejorar el mecanismo de solución de controversias, para hacerlo más ágil, más amplio y más equitativo. La intención, explica Marcelo Ebrard, es evitar decisiones inesperadas que puedan afectar de manera abrupta a las industrias mexicanas, y avanzar hacia un equilibrio similar en otros ámbitos, como las reglas laborales.
“Ya estamos en la revisión del Tratado, tenemos que terminar el primero de julio”, señaló el funcionario. “Es un proceso de revisión, y ya tenemos claro cuáles son los puntos que tendrán mayor foco y prioridad para cada país”.
Para la industria química, el mensaje es claro: en un mundo fragmentado, Norteamérica apuesta por profundizar su integración. Y el T-MEC, lejos de agotarse, se perfila como una herramienta en evolución para sostener la competitividad regional en los años por venir.
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