Introducción
En nuestra vida cotidiana estamos rodeados de radiación electromagnética (REM), proveniente tanto de fuentes naturales, como el Sol, como de dispositivos tecnológicos, entre ellos teléfonos móviles, electrodomésticos, redes WiFi y estaciones de radio. Asimismo, las instalaciones eléctricas generan campos eléctricos y magnéticos que forman parte de nuestro entorno [1].
Aunque el espectro electromagnético abarca muchos tipos de radiación, en este artículo nos enfocaremos en dos rangos de frecuencia a los que estamos expuestos cotidianamente: a) REM de frecuencia extremadamente baja (3 – 3,000 Hz) como la que emiten los cables de transmisión de energía de alto voltaje y los cables domésticos, y b) la REM de radiofrecuencia (RF) (30 kHz – 300 GHz), como la que emiten dispositivos eléctricos y electrónicos como los teléfonos móviles, dispositivos inteligentes, WiFi, hornos de microondas, estaciones de radio AM y FM, y las comunicaciones 5G.
Es tal la cantidad de REM que actualmente se encuentra en el medio ambiente, que se le ha llegado a llamar “smog electromagnético”. Algunas de sus características son: i) es completamente invisible, ii) no tiene olor, iii) no tiene sabor y, iv) no se puede palpar. Precisamente porque no podemos percibirla, su estudio y regulación dependen de la investigación científica. Organismos como la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP, por sus siglas en inglés) han establecido límites de exposición para proteger a la población [2], y en 2011 la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud clasificó los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como “posiblemente carcinógenos para los humanos” (Grupo 2B) [3].
En este artículo explicaremos qué es la radiación electromagnética, qué se sabe actualmente sobre sus efectos en la salud y qué materiales se están desarrollando para blindar los dispositivos electrónicos. Conviene distinguir dos objetivos diferentes: por un lado, la protección de la salud, que depende principalmente de respetar los límites de exposición; y por otro, la compatibilidad electromagnética, es decir, evitar que la radiación emitida por un equipo interfiera con el funcionamiento de otros equipos cercanos. Los materiales de blindaje que se describen al final se desarrollan sobre todo con este segundo propósito.
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¿Qué es la radiación electromagnética?
La radiación electromagnética es una forma de energía que se desplaza por el espacio en forma de ondas. Estas ondas se componen de un campo eléctrico y un campo magnético que vibran juntos en ángulos rectos. Viajan a la velocidad de la luz y no necesitan un medio material para su propagación, por lo que pueden avanzar en el vacío. El conjunto de todos los tipos de radiación electromagnética se conoce como espectro electromagnético, que abarca desde las ondas de radio, de baja frecuencia, hasta los rayos gamma, de muy alta frecuencia, pasando por las microondas, el infrarrojo, la luz visible, la radiación ultravioleta y los rayos X (Figura 1) [4].


Las tecnologías de comunicación inalámbrica, como las redes móviles 5G, utilizan radiación de radiofrecuencia, que es no ionizante. La red 5G opera principalmente en bandas inferiores a 7 GHz (de 0.41 a 7.1 GHz), similares a las de generaciones anteriores de telefonía móvil, y en algunos casos en bandas de ondas milimétricas (de 24 a 71 GHz) (Figura 1). Para evaluar la exposición del cuerpo humano a esta radiación se utiliza, entre otros parámetros, la tasa de absorción específica (SAR, por sus siglas en inglés), que indica la potencia electromagnética absorbida por unidad de masa de tejido y se expresa en vatios por kilogramo (W/kg). Es decir, la SAR no mide la radiación total emitida por un dispositivo, sino la energía que absorbe el cuerpo, y se utiliza para verificar que los teléfonos móviles cumplan con los límites de exposición establecidos por los organismos reguladores [2].
¿Cuáles son los efectos de la radiación electromagnética sobre la salud de los seres humanos y otros organismos vivos?
Existe un amplio debate sobre si la exposición prolongada a la radiación de radiofrecuencia emitida por los dispositivos de uso cotidiano tiene efectos sobre la salud de los seres humanos y de otros seres vivos. A niveles de exposición elevados, superiores a los límites internacionales, la radiofrecuencia puede calentar los tejidos, un efecto bien documentado [2]. En cambio, los posibles efectos de una exposición prolongada a niveles bajos, como los que producen los teléfonos móviles, continúan bajo estudio; por ello, la IARC clasificó la radiofrecuencia en el Grupo 2B, categoría que indica que la evidencia de que cause cáncer en humanos es limitada y no concluyente [3].
Uno de los primeros efectos sobre la salud atribuidos a la radiación electromagnética fue la denominada hipersensibilidad electromagnética (HEM), también conocida como electrohipersensibilidad (EHS). Los síntomas cutáneos asociados a la HEM se han relacionado con la liberación de sustancias inflamatorias como la histamina, responsable de la hipersensibilidad alérgica, la sensación de prurito y dolor, el edema, el eritema local y diversos tipos de dermatosis [5], aunque otros estudios señalan que no se ha encontrado evidencia que vincule la exposición a REM con los síntomas reportados [6].
Algunos estudios experimentales han investigado posibles alteraciones relacionadas con el estrés oxidativo, el material genético, la regulación hormonal y los procesos reproductivos [7-9]. Sin embargo, la interpretación de estos resultados depende del modelo experimental, los niveles de exposición y las condiciones del estudio, por lo que no pueden extrapolarse directamente a la salud humana.
En conjunto, las investigaciones han permitido identificar algunos efectos de la exposición a radiofrecuencias, mientras que otros posibles efectos continúan bajo estudio. Por ello, es importante consultar información científica confiable y seguir las recomendaciones de exposición establecidas por los organismos especializados [2, 3].
¿Qué materiales se están desarrollando para blindar los dispositivos contra la radiación electromagnética?
Además de las posibles implicaciones para la salud, la radiación electromagnética plantea un problema técnico: la interferencia electromagnética, que ocurre cuando la radiación emitida por un equipo altera el funcionamiento de otro. Para controlarla y lograr la compatibilidad electromagnética entre dispositivos se utilizan materiales de blindaje, capaces de reflejar y/o absorber la radiación. Cabe aclarar que estos materiales se investigan principalmente para proteger el funcionamiento de los equipos electrónicos, por lo que su uso no implica necesariamente una protección demostrada frente a efectos sobre la salud. Actualmente, diversos grupos de investigación desarrollan materiales de blindaje más ligeros y flexibles; entre los más estudiados se encuentran los MXenes, los nanocompuestos poliméricos, los compuestos con biochar y los aerogeles conductores.
MXenes. Son materiales bidimensionales, de unos cuantos átomos de espesor, formados por carburos, nitruros o carbonitruros de metales de transición. Su conductividad eléctrica muy alta les permite reflejar gran parte de la radiación, y su estructura en capas favorece que la radiación que logra penetrar se atenúe mediante reflexiones internas múltiples y pérdidas por polarización. Además, son ligeros y flexibles, lo que los hace atractivos para recubrimientos delgados en dispositivos portátiles [10].
Nanocompuestos poliméricos. Son materiales formados por un polímero (termoplástico, termoestable o elastómero) al que se le agregan pequeñas cantidades de nanomateriales de carbono, como negro de humo, nanotubos de carbono, nanofibras de carbono o grafeno. Estas partículas forman redes conductoras dentro del polímero que le permiten reflejar y absorber la radiación. Aunque su conductividad es menor que la de los MXenes, son ligeros, flexibles y fáciles de procesar, por lo que pueden emplearse en carcasas, películas y recubrimientos [11].
Compuestos con biochar. El biochar es un sólido poroso rico en carbono que se obtiene al calentar biomasa, como residuos agrícolas o forestales, en ausencia o con poca cantidad de oxígeno (pirólisis). Su estructura y su conductividad eléctrica dependen de la biomasa de origen y de la temperatura de pirólisis. Al incorporarse en un polímero puede funcionar como carga conductora y permite aprovechar residuos como materia prima; no obstante, la sustentabilidad del material final depende de todo su ciclo de vida, incluidos el polímero utilizado y el proceso de fabricación [12].
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Aerogeles conductores. Son materiales muy porosos y de baja densidad, formados por una red tridimensional (por ejemplo, de un polímero obtenido mediante el proceso sol-gel) en la que se integran partículas conductoras, como nanomateriales de carbono o nanoalambres metálicos. En esta estructura, la radiación que entra en el material se refleja muchas veces en el interior de los poros y se va absorbiendo, por lo que el blindaje ocurre principalmente por absorción [13, 14].
En el Centro de Investigación en Química Aplicada (CIQA) se desarrollan materiales poliméricos flexibles que incorporan componentes de origen vegetal y partículas de carbono, como nanotubos, nanofibras y biochar. Estas combinaciones buscan aprovechar las propiedades eléctricas de los materiales carbonosos para obtener compuestos con potencial de reducir interferencias electromagnéticas. Su desarrollo podría contribuir a la fabricación de recubrimientos y componentes para dispositivos electrónicos.
Conclusiones y perspectivas
La radiación electromagnética forma parte de nuestra vida cotidiana y seguirá en aumento con el crecimiento de los dispositivos electrónicos y de las redes de comunicación de alta frecuencia. Aunque los efectos de la exposición prolongada a niveles bajos siguen en estudio, el cumplimiento de los límites establecidos por los organismos internacionales protege frente a los efectos conocidos. Por otra parte, el número creciente de dispositivos hace cada vez más necesaria la compatibilidad electromagnética y, con ella, el desarrollo de materiales de blindaje eficientes. Los MXenes, los nanocompuestos poliméricos, los biochares y los aerogeles conductores destacan como alternativas ligeras y flexibles frente a los metales tradicionales. Hacia el futuro, el reto es producirlos a escala industrial, a un costo competitivo y a partir de fuentes renovables, como los monómeros de origen vegetal y el biochar obtenido de residuos agrícolas. En esta dirección se orientan los trabajos del CIQA, con la meta de obtener materiales parcialmente sustentables que protejan de manera eficiente el funcionamiento de los dispositivos electrónicos.
Autores: José Alejandro Díaz Elizondo1, Martha Roa Luna1, Víctor Eduardo Comparán Padilla1, Hened Saade Caballero1, Ramón Enrique Díaz de León, Héctor Ricardo López González1
1 Centro de Investigación en Química Aplicada, Blvd. Enrique Reyna Hermosillo 140, San José de los Cerritos, Saltillo Coahuila México, 25294.
Agradecimientos
Los autores agradecen al Centro de Investigación en Química Aplicada (CIQA) el apoyo otorgado mediante el proyecto interno 6782, así como al Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología del Estado de Coahuila el financiamiento del proyecto COAH-2025-C25-C205, correspondiente a la convocatoria FONCYT 2025.
Referencias
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- International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection (ICNIRP), Health Phys., 2020, 118, 483-524, doi.org/10.1097/HP.0000000000001210.
- Baan, R., Grosse, Y., Lauby-Secretan, B., El Ghissassi, F., Bouvard, V., Benbrahim-Tallaa, L., Guha, N., Islami, F., Galichet, L., Straif, K., Lancet Oncol., 2011, 12, 624-626, doi.org/10.1016/S1470-2045(11)70147-4.
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- Singh, S., Kapoor, N., Biol., 2014, 2014, 198609, doi.org/10.1155/2014/198609.
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