Sustentabilidad y competitividad: la industria química ante nuevas exigencias de mercado y regulación

La sustentabilidad ya no corre por una vía separada de las decisiones industriales. Hoy en día, ser sustentable impacta directamente en los costos de producción, en el acceso a energía y agua, en la innovación, en el cumplimiento regulatorio y en la capacidad de competir en nuevos mercados. En el caso de la industria química, avanzar en esa dirección exige combinar soluciones técnicamente viables con resultados económicos, además de una mayor colaboración entre empresas, autoridades e instituciones.

Esa fue una de las coincidencias de la cuarta sesión plenaria del LVIII Foro Nacional de la Industria Química, titulada “Competir Sustentablemente: Megatendencias, Regulación y Competitividad”. Joaquín Corres Barragán, Coordinador en representación de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ); Rafael Scott, Socio de McKinsey; Carlos Díaz, VP of Global Strategy & International Business en Solugen; Natasha Uren Vázquez, Directora Ejecutiva del Bosque de Chapultepec; y Tania Rabasa Kovacs, Directora de Sostenibilidad (CSO) de Mexichem Resinas Vinílicas, abordaron el tema desde la regulación, las tendencias de inversión, la producción de químicos, el manejo de residuos y la evolución de los modelos de negocio.

Regulación ambiental: cumplimiento y certeza para la industria

En la apertura de la sesión, Joaquín Corres Barragán se refirió a las exigencias que enfrenta la industria química ante los cambios regulatorios, las restricciones derivadas de acuerdos internacionales y las presiones ambientales relacionadas con el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.

Entre los asuntos regulatorios mencionó la legislación sobre el agua, que reconoce este recurso como un derecho humano y un elemento estratégico para el desarrollo sostenible. Corres Barragán señaló la expectativa de que concluyan los trabajos de regulación secundaria para aplicar las nuevas disposiciones y destacó las posibilidades de aprovechar aguas residuales en los procesos productivos, mejorar la infraestructura y reducir fugas.


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La Ley de Economía Circular fue otro de los instrumentos que ponderó. Su aplicación abre una vía para que las empresas avancen hacia un uso más racional de los recursos y desarrollen productos y procesos circulares. Sin embargo, la implementación de las normas requiere mecanismos de inspección y verificación que garanticen su cumplimiento.

Corres Barragán habló del programa Responsabilidad Integral de la ANIQ como una herramienta para fortalecer la prevención, facilitar la supervisión y mejorar el cumplimiento de las obligaciones del sector. Entre las líneas de trabajo de la asociación enlistó la mejora de los protocolos de inspección, la creación de un inventario de sustancias químicas que aporte certeza jurídica y el desarrollo de alianzas para avanzar en circularidad.

Las exigencias ambientales deben acompañarse de reglas claras y mecanismos de cumplimiento que permitan tomar decisiones de inversión con mayor certidumbre.

Sustentabilidad y competitividad: la industria química ante nuevas exigencias de mercado y regulación
Los nuevos desafíos ambientales y regulatorios del sector químico obligan a las empresas a afinar su cumplimiento normativo, optimizar recursos y poner la sustentabilidad en el centro de sus decisiones de negocio.

La sustentabilidad necesita un caso de negocio

Rafael Scott, Socio de McKinsey, revisó la evolución de las inversiones ligadas a la sustentabilidad y el cambio de expectativas que ha experimentado el mercado. Describió una primera etapa, entre 2015 y 2021, marcada por compromisos ambiciosos, financiamiento para tecnologías emergentes y grandes planes de inversión. Después llegó un periodo en el que el encarecimiento de los proyectos, las tasas de interés y la inflación obligaron a reevaluar su viabilidad económica.

El ajuste no significa que hayan desaparecido las oportunidades. Para Scott, el siguiente periodo estará marcado por una mayor selección de proyectos, con énfasis en aquellos que puedan demostrar resultados comerciales y avanzar hacia su implementación a escala.

“La sostenibilidad no puede venir aislada”, dijo al explicar que las decisiones ambientales deben responder a una lógica comercial y estratégica. El objetivo no consiste en adoptar compromisos por sí mismos, sino en identificar dónde pueden generar valor para la empresa y sus clientes.

El especialista puso el foco en las oportunidades en materiales de menor huella ambiental, transición energética, sistemas de enfriamiento, refrigerantes, aislamiento, edificios, centros de datos, redes de transmisión, infraestructura de agua, agricultura resiliente y productos para la salud. Varios de esos mercados dependen de materiales y componentes en cuya producción participa la industria química.

La velocidad para desarrollar y llevar soluciones al mercado es otro factor de competencia. Scott puso de relieve la colaboración entre empresas consolidadas y startups: las primeras pueden aportar capital, escala y capacidad de fabricación, mientras que las nuevas compañías desarrollan tecnologías que pueden incorporarse a operaciones industriales.

La inteligencia artificial, agregó, está acelerando la innovación en aplicaciones químicas. Pero advirtió que los planes y las herramientas no bastan si no se ejecutan. “Lo que realmente importa es la ejecución”, resumió.

La industria se mueve bajo un criterio estrictamente práctico: los proyectos de sustentabilidad necesitan demostrar beneficios medibles, como mejoras en costos o rentabilidad, y ajustarse a ciclos de desarrollo que hagan posible llevarlos a la operación en plazos razonables.

Solugen: fabricar químicos con procesos inspirados en la biología

Carlos Díaz, VP of Global Strategy & International Business en Solugen, presentó el modelo de la compañía, que desarrolla productos químicos a partir de materias primas renovables y procesos enzimáticos. Su exposición se centró en tres componentes: materias primas de origen renovable, eficiencia de los procesos y cadenas de suministro que reduzcan los efectos ambientales asociados con el transporte.

La empresa trabaja con fuentes como el jarabe de maíz en Estados Unidos y evalúa otras materias primas, entre ellas la remolacha en Chile. Su plataforma de fabricación combina etapas enzimáticas con procesos de catálisis para producir distintas moléculas, según la aplicación requerida.

Díaz expuso un modelo modular, diseñado para fabricar diferentes productos sin depender de una única instalación dedicada a una sola sustancia. Esa configuración, explicó, puede facilitar la adaptación de la tecnología a las necesidades de distintos mercados y abrir posibilidades de producción más cercana al consumidor.

La compañía ha dirigido sus soluciones a sectores como tratamiento de agua, petróleo y gas, minería, agricultura y cemento. En lugar de reemplazar por completo los productos que ya utiliza cada industria, Solugen combina su tecnología con sustancias existentes para mejorar su desempeño y reducir la huella ambiental de algunas aplicaciones.

“El querer ser más responsables tiene que ser un negocio”, afirmó el experto al referirse a la necesidad de que las soluciones sustentables sean económicamente viables. Su argumento parte de una condición para la adopción industrial: una tecnología puede tener ventajas ambientales, pero necesita funcionar en las condiciones reales de operación y competir con alternativas establecidas.

El expositor describió, por ejemplo, el uso de productos que ayudan a que los biocidas empleados en el tratamiento de agua actúen con mayor eficiencia. En esos casos, la propuesta no consiste en sustituir de inmediato el producto convencional, sino en modificar las condiciones que limitan su funcionamiento y reducir la cantidad requerida.

La experiencia de Solugen ilustra una vía de innovación para el sector. Es decir, adaptar procesos y productos a aplicaciones industriales concretas, en lugar de depender exclusivamente de tecnologías que exigen sustituir toda una operación.

Bosque de Chapultepec: residuos, agua y colaboración con empresas

Natasha Uren Vázquez, Directora Ejecutiva del Bosque de Chapultepec, detalló el trabajo que se realiza en este espacio de 866 hectáreas, cuyo valor ambiental incluye la captación de agua, la regulación del microclima y la conservación de especies vegetales y animales.

Uren Vázquez hizo hincapié en que el manejo del bosque lleva implícita una visión que conecte la conservación con la operación cotidiana. Para orientar los proyectos, su equipo realizó un diagnóstico con la participación de especialistas en energía, carbono, movilidad, biodiversidad y agua. El trabajo contó con más de 50 expertos y 58 sesiones.

Entre las líneas identificadas se encuentran la recuperación de cuerpos de agua, el aprovechamiento de aguas tratadas, la exploración de alternativas energéticas y la mejora de la movilidad para reducir la dependencia del automóvil particular. También subrayó la necesidad de integrar a las empresas en proyectos que precisan de financiamiento, conocimiento técnico y continuidad.

Uno de los casos que compartió fue el desarrollo de un nuevo modelo de gestión de residuos. La iniciativa involucra a autoridades, comerciantes, trabajadores y visitantes, con el propósito de separar materiales y disminuir la cantidad enviada a disposición final. Uren Vázquez mencionó la participación de más de 654 pequeños comercios autorizados dentro del bosque.

La experiencia con residuos de Polietilén Tereftalaro (PET) mostró, en su presentación, cómo la coordinación puede modificar los resultados de recuperación de materiales. La directora compartió que el modelo ha impulsado el avance en la separación y comercialización de residuos, aunque persisten materiales difíciles de reincorporar a una cadena circular, como los pañales.

Ese problema abre un espacio para la industria química y otros sectores: desarrollar materiales, soluciones de reciclaje y alternativas de aprovechamiento que eviten que determinados residuos terminen en disposición final. Uren Vázquez apuntó a la posibilidad de colaborar con la industria cementera en esquemas de valorización, así como la necesidad de trabajar con fabricantes cuyos productos generan residuos complejos.

“Chapultepec es uno de los laboratorios más interesantes”, dijo al describir el bosque como un espacio para probar y medir soluciones ambientales, sociales y de movilidad que podrían orientar proyectos en otros lugares.

Su invitación al sector privado fue establecer colaboraciones con objetivos verificables. “Tenemos que convertir el cuidado ambiental en un valor tangible”, expresó, al pedir que los beneficios de las acciones de conservación puedan medirse y que las empresas participen con financiamiento, investigación y capacidades técnicas.

Sustentabilidad y competitividad: la industria química ante nuevas exigencias de mercado y regulación
La gestión del agua, la energía y los residuos en espacios urbanos como el Bosque de Chapultepec abre oportunidades para impulsar la economía circular mediante la colaboración entre autoridades, comercios y empresas.

Orbia: integrar la sustentabilidad a la estrategia empresarial

Tania Rabasa Kovacs, Directora de Sostenibilidad (CSO) de Mexichem Resinas Vinílicas, trazó la ruta de Orbia desde una empresa centrada en productos químicos básicos hacia una compañía global de materiales y soluciones orientadas a necesidades como la seguridad hídrica y alimentaria, la descarbonización y la conectividad.

La directiva puntualizó que esta evolución modificó la forma de entender el valor comercial. La venta de materias primas suele estar sujeta a la competencia por precio, mientras que las soluciones pueden diferenciarse por su calidad, disponibilidad y contribución a los resultados del cliente. Entre los ejemplos citó la reducción de pérdidas de agua, el aumento de la productividad agrícola y el desarrollo de tecnologías de menor huella de carbono.


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Rabasa Kovacs aseguró que 68% de los ingresos de Orbia está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La compañía cuenta con 25 centros de innovación, cerca de 4,000 colaboradores en México y operaciones en 11 estados, con 16 sitios de producción.

“La sostenibilidad no puede ser una agenda paralela al negocio, sino que tiene que ser parte central del mismo”, dijo. Desde esa perspectiva, la sustentabilidad debe contribuir a producir mejor, proteger los márgenes, reducir riesgos y abrir mercados.

La directiva desglosó los avances en eficiencia energética: durante 2025, la empresa redujo más de 15,000 toneladas de dióxido de carbono, con beneficios ambientales y menores costos operativos. Al ver el panorama completo, precisó que desde 2019, Orbia ha reducido sus emisiones de carbono en 28%.

La circularidad también formó parte de su agenda. Rabasa Kovacs puso sobre la mesa iniciativas para recuperar y reutilizar materiales, incluidos carretes y líneas de riego, así como proyectos de reciclaje que se han extendido entre países. La lógica consiste en disminuir residuos y, al mismo tiempo, encontrar formas de recuperar materiales que puedan reincorporarse a las operaciones.

Para que estas iniciativas alcancen mayor escala, la directiva identificó condiciones necesarias: una regulación clara, predecible, técnicamente viable y coherente; acceso a energía limpia y competitiva; seguridad hídrica; y alianzas entre el sector público y el privado.

De forma adicional, pidió que las empresas vinculen los datos ambientales con indicadores operativos y financieros, integren los riesgos de agua, energía y regulación desde la inversión, colaboren con sus clientes y midan los resultados, no sólo las actividades.

Competir sustentablemente exige resultados medibles

Las intervenciones de la cuarta plenaria pusieron bajo la lupa distintas escalas del mismo problema. Joaquín Corres Barragán se refirió a la regulación y al cumplimiento; Rafael Scott, a la selección de inversiones y al valor comercial de las tecnologías; Carlos Díaz, a la adaptación de procesos químicos; Natasha Uren Vázquez, a la gestión de residuos y la colaboración con empresas; y Tania Rabasa Kovacs, a la integración de la sustentabilidad en la operación y el crecimiento empresarial.

En conjunto, las experiencias apuntan a que las iniciativas ambientales necesitan traducirse en cambios operativos verificables. Al interior de la industria química, esto supone mejorar la eficiencia en el uso de energía y agua, desarrollar productos con menor huella ambiental, recuperar materiales y colaborar con otros sectores para resolver problemas que una empresa no puede atender por sí sola.

La competitividad sustentable, según los ejemplos presentados en el foro, no depende sólo de fijar metas ambientales. Requiere que las tecnologías funcionen en las plantas, que las inversiones tengan viabilidad económica, que las normas puedan cumplirse y que las alianzas produzcan resultados que puedan medirse.

Coordinador Editorial de Ambiente Plástico: Julio César Sánchez Espinoza. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.

IG: @imjucesar // LinkedIn @imjucesar

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