Los hallazgos, publicados en Nature Communications, abren nuevas posibilidades para el desarrollo de implantes cardíacos, prótesis inteligentes, sensores bioelectrónicos y dispositivos médicos capaces de interactuar mejor con los tejidos vivos.
El principio detrás de esta innovación parte de un desafío clave: el corazón no funciona como un circuito electrónico convencional. Sus señales eléctricas dependen del movimiento controlado de iones, como potasio, sodio y calcio, dentro y fuera de las células musculares cardíacas.
Cómo se produce la señal eléctrica del corazón
El corazón humano late de manera constante durante toda la vida. Para lograrlo, las células del músculo cardíaco generan impulsos eléctricos conocidos como potenciales de acción, que activan la contracción del tejido muscular y permiten el bombeo de sangre.
Este proceso depende del transporte de iones a través de canales especializados. En particular, los iones de potasio, sodio y calcio cumplen un papel esencial en la generación y regulación de cada impulso eléctrico.
También lee: El MIT desarrolla plásticos más resistentes al impacto: este es su potencial industrial
Sin embargo, imitar artificialmente este comportamiento ha sido complejo. A diferencia de otras células del cuerpo, las células cardíacas presentan una dinámica particular: el canal iónico que transporta calcio opera de forma más lenta que los canales de sodio y potasio. Esa diferencia de velocidad es fundamental para el funcionamiento del corazón, pero representa un problema para la electrónica tradicional, diseñada para trabajar con señales rápidas.
Por qué los plásticos conductores son clave
De acuerdo con Dace Gao, investigador postdoctoral del Laboratorio de Electrónica Orgánica de la Universidad de Linköping y autor principal del estudio, la lentitud del transporte de calcio crea un “cuello de botella” para la electrónica convencional.
En este punto, la electrónica orgánica ofrece una ventaja relevante: puede transportar tanto iones como electrones. Esta capacidad permite que los materiales orgánicos conductores se comuniquen de una forma más parecida a como lo hacen las células del cuerpo.
El equipo desarrolló una célula muscular cardíaca artificial fabricada con plástico conductor, capaz de imitar la función eléctrica de una célula cardíaca real. En otras palabras, el dispositivo reproduce un potencial de acción similar al que permite que las células del corazón se contraigan.
De neuronas artificiales a células cardíacas artificiales
El grupo de investigación ya había desarrollado previamente células nerviosas artificiales capaces de imitar ciertas propiedades de las neuronas biológicas. La creación de una célula muscular cardíaca artificial representa el siguiente paso dentro de esa línea de trabajo.
Hasta ahora, no existía un hardware capaz de reproducir de forma adecuada la señalización iónica específica de las células cardíacas. Por ello, el avance no solo tiene valor desde el punto de vista biomédico, sino también para el diseño de nuevos materiales funcionales capaces de interactuar con sistemas biológicos complejos.
Simone Fabiano, profesor de Ciencia de Materiales en la Universidad de Linköping, explicó que el objetivo no es solo imitar la biología, sino aprovechar los principios que hacen tan eficientes estas señales naturales.
Aplicaciones potenciales en implantes y sensores médicos
Los investigadores consideran que esta tecnología podría tener dos grandes áreas de impacto.
- La primera es científica: los sistemas basados en electrónica orgánica pueden ayudar a comprender mejor qué propiedades deben tener los materiales para reproducir señales similares a las biológicas.
- La segunda es tecnológica: en el futuro, estos dispositivos podrían convertirse en interfaces bioelectrónicas capaces de conectarse con células vivas y responder a cambios en su entorno.
Al tratarse de hardware, los investigadores pueden estudiar de manera controlada cómo factores como la concentración de iones o el pH modifican señales eléctricas similares a las del corazón. Esta capacidad podría ser útil para desarrollar modelos de investigación, sensores médicos avanzados e implantes de nueva generación.
Hacia marcapasos más naturales y prótesis bioelectrónicas
A largo plazo, los científicos prevén aplicaciones como pequeños marcapasos “naturales”, implantes capaces de activar músculos o sensores que detecten alteraciones tempranas en la función cardíaca y respondan antes de que el problema avance.
También lee: Cartón y polímeros: aliados estratégicos para la conservación sostenible de alimentos
No obstante, todavía existe un reto importante: las células artificiales deben ser capaces de recibir una señal de una célula biológica y transmitirla a otras células. Si este objetivo se logra, podrían funcionar como un puente entre el cuerpo humano y dispositivos electrónicos de nueva generación.
De acuerdo con Dace Gao, este paso acercaría de manera significativa a la electrónica orgánica a aplicaciones biomédicas reales.
Aunque la tecnología aún se encuentra en etapa de investigación, el avance de la Universidad de Linköping muestra cómo los plásticos conductores podrían contribuir al diseño de implantes más compatibles, sensores más inteligentes y sistemas médicos capaces de comunicarse de forma más natural con el cuerpo humano.
¡Mantente al día con lo más relevante de la Industria del Plástico!
Suscríbete al newsletter de Ambiente Plástico y recibe cada quince días en tu correo electrónico las noticias más importantes, actualizadas y útiles del sector. Infórmate y sigue las últimas tendencias con un solo clic:👉 https://www.dopplerpages.com/revista-61DA2/newsletterAP
