Saudi Basic Industries Corporation (Sabic) concretó la venta de parte de su negocio petroquímico en Europa y de su división de termoplásticos en Europa y América a firmas de capital privado, en una operación que refleja la creciente presión estructural sobre la industria química europea.
El grupo alemán Mutares acordó la adquisición del negocio global de termoplásticos por un valor implícito de 450 millones de dólares, mientras que Aequita comprará los activos petroquímicos europeos de Sabic por 500 millones de dólares.
Termoplásticos: presencia industrial en América y Europa
La operación con Mutares incluye plantas que producen policarbonato (PC), Tereftalato de Polibutileno (PBT) y Acrilonitrilo butadieno estireno (ABS), ubicadas en Canadá, Estados Unidos, México, Brasil, España y Países Bajos. Estos materiales son ampliamente utilizados en sectores como automotriz, electrodomésticos, electrónica y bienes de consumo.
Por su parte, Aequita asumirá instalaciones que fabrican etileno, propileno, polietileno y polipropileno en Teesside (Reino Unido), Países Bajos, Alemania y Bélgica. Sabic ya había anunciado previamente el cierre permanente de su planta de craqueo de olefinas fuera de línea en Teesside, anticipando el ajuste.
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La compañía describió estas desinversiones como una “optimización de cartera”, orientada a concentrar recursos en mercados y productos de mayor margen y competitividad, en línea con una tendencia global de racionalización de activos.
Europa pierde atractivo para la petroquímica
Según Matthew Thoelke, analista de Dow Jones Company, la antigüedad de las plantas, los costes regulatorios y una recesión industrial prolongada han reducido significativamente el atractivo de Europa para los grandes productores.
“Los mayores costes operativos están llevando a las empresas a absorber el coste de salir del mercado, en lugar de asumir el coste de permanecer”, explica.
El movimiento de Sabic no es aislado. En junio pasado, Aequita también adquirió activos de olefinas y poliolefinas de LyondellBasell en Europa. Otras compañías como ENI, TotalEnergies, ExxonMobil, Shell y BP también evalúan cierres o ventas de plantas de craqueo a vapor.
Capital privado y nuevos modelos de desinversión
Las transacciones con Sabic destacan por su estructura financiera: los compradores asumen un coste inicial mínimo o nulo, mientras que el vendedor retiene una participación en las ganancias futuras.
Para Jannen Vamadeva, analista de Dow Jones, este enfoque responde a una lógica de reestructuración profunda, más que a adquisiciones estratégicas tradicionales.
Por su parte, Mark Porter, presidente global del área química de la consultora Bain, considera que este fenómeno marca un punto de inflexión:
“Muchos compradores industriales evaluaron estos activos y los descartaron. Ahora, nuevos inversores creen que pueden gestionarlos mejor”.
China, sobrecapacidad y márgenes bajo presión
El contexto global tampoco favorece a Europa. China ha incrementado su producción de químicos básicos y exporta a márgenes muy bajos o incluso negativos, lo que ha generado preocupaciones por dumping. Estados Unidos, en contraste, mantiene una ventaja competitiva gracias al gas de esquisto rico en etano, mientras que Oriente Medio continúa ampliando capacidad.
Para que una planta de craqueo sea rentable, debe operar por encima del 85% de su capacidad, y idealmente superar el 90%. Actualmente, Europa ronda el 75%, lo que mantiene a muchas instalaciones en números rojos.
Tres posibles salidas para la petroquímica europea
Según Bain, el sector enfrenta tres escenarios posibles:
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Cierre adicional de capacidad: sería necesario retirar alrededor de 2 millones de toneladas anuales, cerca del 10% de la capacidad europea, para equilibrar el mercado.
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Intervención regulatoria: cuotas, aranceles o apoyos estatales por parte de la Comisión Europea, cada vez más presionada por la industria.
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Mayor crecimiento económico: incluso un repunte moderado del PIB europeo podría impulsar significativamente la demanda de productos químicos.
Mientras tanto, la incertidumbre persiste, marcada por tensiones comerciales, posibles cambios arancelarios —como en el polietileno estadounidense hacia Europa— y un entorno macroeconómico volátil.
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