En meses recientes, diversos estudios sobre microplásticos han acaparado los titulares al sugerir que estas partículas estarían ampliamente distribuidas en el cuerpo humano, incluyendo órganos como el cerebro, la sangre y los testículos. Sin embargo, un creciente número de científicos está poniendo en duda la solidez de estas conclusiones y advierte que muchos de los hallazgos podrían estar sobreestimados o mal interpretados.
Investigadores consultados por The Guardian señalaron que varios estudios de alto perfil presentan problemas metodológicos significativos, como contaminación de muestras, controles insuficientes y limitaciones en las técnicas analíticas empleadas. En su opinión, estos factores podrían generar falsos positivos, más que evidencias concluyentes de la presencia de microplásticos en tejidos humanos.
Riesgo de desinformación y políticas mal fundamentadas
De acuerdo con estos expertos, la amplia difusión mediática de estudios con evidencia débil puede tener consecuencias no deseadas. Por un lado, podría alimentar la preocupación pública sin una base científica sólida; por otro, advierten, podría distorsionar el debate regulatorio y derivar en políticas públicas que no estén respaldadas por datos robustos. Incluso, señalan, este escenario podría permitir que la industria del plástico minimice otros desafíos ambientales y de salud que sí cuentan con mayor consenso científico.
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The Guardian fue uno de los primeros medios en documentar estas controversias, revelando que múltiples investigaciones han sido cuestionadas en revistas académicas por problemas como contaminación cruzada, ausencia de controles adecuados y el uso de métodos analíticos poco fiables para identificar polímeros.
Críticas a los métodos analíticos
Uno de los casos más citados es un estudio publicado en 2025 en Nature Medicine, que reportó un incremento en los niveles de microplásticos en el cerebro humano. El doctor Dušan Materić, químico del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (Alemania), explicó que este tipo de resultados pueden ser engañosos. Según detalló al The Guardian, los tejidos ricos en grasa pueden generar señales que se confunden fácilmente con polímeros como el Polietileno.
“El cerebro humano tiene alrededor de un 60% de grasa”, señaló, cuestionando la interpretación de los datos y calificando el artículo como “engañoso”.
Otros especialistas han puesto el foco en el uso de la cromatografía de gases por pirólisis acoplada a espectrometría de masas (Py-GC-MS), una técnica comúnmente utilizada para identificar microplásticos. La doctora Cassandra Rauert, química ambiental de la Universidad de Queensland, advirtió que este método también puede confundir material biológico degradado con polímeros sintéticos, lo que conduce a estimaciones que describió como “completamente irreales”.

Un campo de investigación aún en desarrollo
No todos los investigadores comparten estas críticas. El profesor Matthew Campen, autor principal del estudio cerebral de 2025, defendió su trabajo y subrayó que la investigación sobre microplásticos y nanoplásticos (MNP) en el cuerpo humano se encuentra en una etapa temprana. En declaraciones a The Guardian, reconoció que los métodos analíticos aún están evolucionando, pero aseguró que muchas de las críticas carecen de respaldo empírico.
“Todavía estamos lejos de comprender plenamente cómo interactúan los MNP con el cuerpo humano. No existe un manual establecido y las técnicas seguirán perfeccionándose”, afirmó Campen.
En una línea más conciliadora, la profesora Marja Lamoree, de la Universidad Libre de Ámsterdam y coautora de un estudio de 2022 que detectó microplásticos en sangre humana, señaló que la evidencia disponible sigue siendo limitada. Lamoree considera prematuro afirmar que los microplásticos representen un riesgo claro para la salud, aunque reconoce que es razonable adoptar un enfoque precautorio mientras avanza la investigación.
La necesidad de evidencia sólida
Los científicos que cuestionan los estudios actuales coinciden en un punto clave: antes de realizar afirmaciones firmes sobre la cantidad de microplásticos en el cuerpo humano y sus posibles efectos en la salud, será indispensable contar con métodos estandarizados, controles más estrictos y datos reproducibles.
En un tema tan sensible y con implicaciones ambientales, sanitarias y regulatorias, el consenso emergente es claro: la discusión sobre microplásticos debe apoyarse en evidencia científica sólida y no en conclusiones prematuras amplificadas por la atención mediática.
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